Si, es cierto; cada día más vamos pensando con mayor complejidad esto de vivir el futuro, y no sobrevivirlo. Ahora acostumbramos a idear estratagemas para seguir caminando y pisando el presente que segundo a segundo vamos dejando estampado en el pavimento. El capital, el progreso, el clima, tu mamá y tu vanidad van creando de a poco en ti ese pensamiento orientado a escoger un futuro que te llene los bolsillos. Porque, como ya mencioné anteriormente, no queremos sobrevivir más adelante.
Cuando piensas en lo que siempre quisiste lograr en tu vida, como buen ser humano, normalmente tu máximo deseo no está al alcance de tus manos, lo cual sirve como una excelente excusa para trabajar, ser exitoso y lograr tus aspiraciones. Pero, míralo de esta forma; si eres obsesivo y si no tienes la capacidad de acomodar tu cerebro en una hamaca jamaiquina para mecerlo libremente dentro del espacio que te has ganado hasta ahora, ten por seguro que te vas a morir sin cumplir lo que te prometías a ti mismo. Toda tu vida estarás preocupado de atender bien a tu cliente, de ganar el juicio, de sacar los puntos de gravedad de todas las superficies de un barco, de cobrarle más impuestos al pueblo, de levantar bien ese edificio, de arreglar bien esa cañería… si bien, es parte de tu vocación, hay algo mucho más allá que estás buscando alcanzar, pero que no puedes dar con él, debido a que tu espalda cargada de preocupaciones te impide dar los largos y seguros pasos que se necesitan para cruzar el puente que te deja al otro lado. Por otra parte, si buscas ampararte en el arte, la danza, el teatro, la arqueología, o cualquier especialización (las que normalmente se buscan por una gran vocación) que no tiene el “campo laboral” necesario para sustentarte el día de mañana, te obligará -si no gozas de tener los suficientes recursos- a desplazarlo a la segunda opción, cuando “estés más estable, y tengas como conseguirte tus propias cosas” y, de esta manera, te verás transitando vías secundarias que pueden desviarte del destino al que intentabas llegar.
Pero, ¡hey! Por lo menos puedes asegurarte con tu casa en un buen barrio, quizás un auto o dos, un jardín con pasto para tus hijos y una buena cantidad de dinero para pagar todos esos psicotrópicos que te ha recomendado el psiquiatra para esos terribles síntomas de estrés y para el traumatólogo que te recetó esa crema milagrosa para tus dolores de espalda (la que comienza a hacer efecto después de un año). Aún tienes que salvar un buen monto de billetes para pagar la enorme deuda que tienes con el fisco y la cuenta de la luz que te salió un ojo de la cara… y adivina por qué; por ese maldito chat que se come a tu hijo hasta las 4 AM todos los días.
Así es… así es como nos vamos volviendo hijos del sistema. Así es como nuestras mentes automáticamente se van adaptando a la grisácea realidad que nos absorbe… así es como no seguiste tu sueño, porque no era capaz de alimentarte. Así es como no conseguiste la hamaca jamaiquina que te permitía balancearte sobre los problemas que se cosechan cada día.
FABRICA TU PROPIO CAMINO, adórnalo, refuérzalo (usa tu imaginación), pues TÚ eres su dueño. Aprende a limitar tu mente estratégica un minuto; sé espontáneo mientras puedas, adapta tu cuerpo para que puedas captar todas las sensaciones posibles durante cada fracción de segundo. No te sobreexplotes, sal del computador, ve a la playa, al desierto, toma un helado de vainilla y aprovecha el frio; en verano lo echarás de menos.

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