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martes, 16 de octubre de 2007

Promesas que no prometen


La pobreza es uno de los problemas más latentes que existen hoy en día. Cada vez más podemos apreciar a través de los medios masivos de comunicación cómo la sociedad se ve afectada por esta situación de precariedad en distintos ámbitos, así como también podemos observar y analizar las distintas soluciones que se plantean para dar término a este problema que pareciera ser interminable. E interminable se ha vuelto, debido a que las medidas que se toman al respecto sólo terminan siendo proyectos que paradójicamente no tienen futuro. Más bien, parecieran ser una excusa para poder demostrar a la gente que se están tomando medidas en los asuntos más contingentes que afectan al país, pero que en verdad sólo apuntan a crear una imagen que mantengan expectativas de algo casi inexistente.

Sin ir más lejos, podríamos tomar y analizar la situación presente en nuestra ciudad. Iquique, Tierra de Campeones, resulta ser más “Tierra de Campistas”, aludiendo a la realidad que se oculta tras las hermosas imágenes de postal que son características del lugar. En el diario “La estrella de Iquique”, del día 14 de octubre del presente año, podemos encontrar un reportaje dedicado al tema de la pobreza. Más específicamente, me gustaría referirme a un testimonio allí presente, sobre un campista que, entre medio de tablas y telas –que conforman su hogar- ha sido testigo de aquellos proyectos reciclables y de aquellas promesas que no llegaron a ser más que lindos discursos que el tiempo sepultó. Según cuenta Jorge Henríquez (el campista, protagonista de esta historia), “vienen, hacen promesas y no pasa nada”. Este señor que aparentemente sobrepasa los 40, no cuenta ni con cédula de identidad ni con la posibilidad de acceder a una atención médica. Vive sin los servicios básicos y con problemas de salud. Sin embargo, de limosnas no vive. Cada día se lo gana en su trabajo limpiando autos y cada día recuerda aquellas promesas de superación que las autoridades le han confiado. Francamente, este hombre dice ya no creer en nada de lo que prometen, pues nada se ha hecho al respecto. Y es a este tema al que me quiero referir con mayor profundidad.

La pobreza la consigue quien la busca. Pero además, absorbe a quien no tiene oportunidades de combatirla. Muy bien sabemos que la fuerza de voluntad y las ganas de trabajar pueden dar los primeros pasos a la superación. Pero cuando se trata de personas que se encuentran con dificultades para poder dar aquellos pasos firmes, es necesario brindarles ayuda al respecto. Aquél dicho: “En vez de darle pescado a quien lo necesita, enséñale a pescar”, es precisamente lo que no se está haciendo en estos días. Se está prometiendo “pescado” y ni siquiera se cumple con la palabra. Quienes tienen el poder de dar una solución al hundimiento progresivo de quienes ya se han cimentado en la pobreza, sólo retocan los problemas más superficiales sin atacar a la raíz del mismo. Sólo buscan hacer público el realce de una imagen que diga que efectivamente tenemos líderes comprometidos con la sociedad y que atentan por el bien común de forma activa. Pero la sensación que se lleva la gente ya es distinta. Es muy difícil que un discurso pueda convencernos de la prosperidad de un cambio que es necesario, y es por esto que se produce este estancamiento difícil de apartar. Ahora bien, podría excusarse la falta de compromiso para con las familias de escasos recursos con los beneficios otorgados por el gobierno, como servicios de salud (cuyo sistema deja demasiado que desear) y entregas de alimentos y enseres necesarios para el hogar. Si bien alivianan la carga de algunas familias trabajadoras que no tienen un poder significativo de adquisición, este beneficio no es equitativo ni tampoco obedece a patrones de regulación. Además, si agregamos a esto la mentalidad que adquieren muchas personas de aprovecharse de estas instancias, estaríamos pronunciando y beneficiando a la conformidad que mata al progreso.

De esta manera podríamos delatar la ineficacia con que se pretenden reparar las fallas en nuestra sociedad. No se construye ningún plan efectivo para poder levantar a este país y liberarlo de todos los factores que impiden un desarrollo positivo. Menos aún, si quienes intentan mejorar nuestra precariedad no cumplen con lo que dicen establecer, pero que si logran atender a otras demandas que podrían hacer relucir más su estética de líder integral.

domingo, 14 de octubre de 2007

Hijo del sistema, te siguen veinte más veinte


Si, es cierto; cada día más vamos pensando con mayor complejidad esto de vivir el futuro, y no sobrevivirlo. Ahora acostumbramos a idear estratagemas para seguir caminando y pisando el presente que segundo a segundo vamos dejando estampado en el pavimento. El capital, el progreso, el clima, tu mamá y tu vanidad van creando de a poco en ti ese pensamiento orientado a escoger un futuro que te llene los bolsillos. Porque, como ya mencioné anteriormente, no queremos sobrevivir más adelante.

Cuando piensas en lo que siempre quisiste lograr en tu vida, como buen ser humano, normalmente tu máximo deseo no está al alcance de tus manos, lo cual sirve como una excelente excusa para trabajar, ser exitoso y lograr tus aspiraciones. Pero, míralo de esta forma; si eres obsesivo y si no tienes la capacidad de acomodar tu cerebro en una hamaca jamaiquina para mecerlo libremente dentro del espacio que te has ganado hasta ahora, ten por seguro que te vas a morir sin cumplir lo que te prometías a ti mismo. Toda tu vida estarás preocupado de atender bien a tu cliente, de ganar el juicio, de sacar los puntos de gravedad de todas las superficies de un barco, de cobrarle más impuestos al pueblo, de levantar bien ese edificio, de arreglar bien esa cañería… si bien, es parte de tu vocación, hay algo mucho más allá que estás buscando alcanzar, pero que no puedes dar con él, debido a que tu espalda cargada de preocupaciones te impide dar los largos y seguros pasos que se necesitan para cruzar el puente que te deja al otro lado. Por otra parte, si buscas ampararte en el arte, la danza, el teatro, la arqueología, o cualquier especialización (las que normalmente se buscan por una gran vocación) que no tiene el “campo laboral” necesario para sustentarte el día de mañana, te obligará -si no gozas de tener los suficientes recursos- a desplazarlo a la segunda opción, cuando “estés más estable, y tengas como conseguirte tus propias cosas” y, de esta manera, te verás transitando vías secundarias que pueden desviarte del destino al que intentabas llegar.



Pero, ¡hey! Por lo menos puedes asegurarte con tu casa en un buen barrio, quizás un auto o dos, un jardín con pasto para tus hijos y una buena cantidad de dinero para pagar todos esos psicotrópicos que te ha recomendado el psiquiatra para esos terribles síntomas de estrés y para el traumatólogo que te recetó esa crema milagrosa para tus dolores de espalda (la que comienza a hacer efecto después de un año). Aún tienes que salvar un buen monto de billetes para pagar la enorme deuda que tienes con el fisco y la cuenta de la luz que te salió un ojo de la cara… y adivina por qué; por ese maldito chat que se come a tu hijo hasta las 4 AM todos los días.

Así es… así es como nos vamos volviendo hijos del sistema. Así es como nuestras mentes automáticamente se van adaptando a la grisácea realidad que nos absorbe… así es como no seguiste tu sueño, porque no era capaz de alimentarte. Así es como no conseguiste la hamaca jamaiquina que te permitía balancearte sobre los problemas que se cosechan cada día.


FABRICA TU PROPIO CAMINO, adórnalo, refuérzalo (usa tu imaginación), pues TÚ eres su dueño. Aprende a limitar tu mente estratégica un minuto; sé espontáneo mientras puedas, adapta tu cuerpo para que puedas captar todas las sensaciones posibles durante cada fracción de segundo. No te sobreexplotes, sal del computador, ve a la playa, al desierto, toma un helado de vainilla y aprovecha el frio; en verano lo echarás de menos.