
La pobreza es uno de los problemas más latentes que existen hoy en día. Cada vez más podemos apreciar a través de los medios masivos de comunicación cómo la sociedad se ve afectada por esta situación de precariedad en distintos ámbitos, así como también podemos observar y analizar las distintas soluciones que se plantean para dar término a este problema que pareciera ser interminable. E interminable se ha vuelto, debido a que las medidas que se toman al respecto sólo terminan siendo proyectos que paradójicamente no tienen futuro. Más bien, parecieran ser una excusa para poder demostrar a la gente que se están tomando medidas en los asuntos más contingentes que afectan al país, pero que en verdad sólo apuntan a crear una imagen que mantengan expectativas de algo casi inexistente.
Sin ir más lejos, podríamos tomar y analizar la situación presente en nuestra ciudad. Iquique, Tierra de Campeones, resulta ser más “Tierra de Campistas”, aludiendo a la realidad que se oculta tras las hermosas imágenes de postal que son características del lugar. En el diario “La estrella de Iquique”, del día 14 de octubre del presente año, podemos encontrar un reportaje dedicado al tema de la pobreza. Más específicamente, me gustaría referirme a un testimonio allí presente, sobre un campista que, entre medio de tablas y telas –que conforman su hogar- ha sido testigo de aquellos proyectos reciclables y de aquellas promesas que no llegaron a ser más que lindos discursos que el tiempo sepultó. Según cuenta Jorge Henríquez (el campista, protagonista de esta historia), “vienen, hacen promesas y no pasa nada”. Este señor que aparentemente sobrepasa los 40, no cuenta ni con cédula de identidad ni con la posibilidad de acceder a una atención médica. Vive sin los servicios básicos y con problemas de salud. Sin embargo, de limosnas no vive. Cada día se lo gana en su trabajo limpiando autos y cada día recuerda aquellas promesas de superación que las autoridades le han confiado. Francamente, este hombre dice ya no creer en nada de lo que prometen, pues nada se ha hecho al respecto. Y es a este tema al que me quiero referir con mayor profundidad.
La pobreza la consigue quien la busca. Pero además, absorbe a quien no tiene oportunidades de combatirla. Muy bien sabemos que la fuerza de voluntad y las ganas de trabajar pueden dar los primeros pasos a la superación. Pero cuando se trata de personas que se encuentran con dificultades para poder dar aquellos pasos firmes, es necesario brindarles ayuda al respecto. Aquél dicho: “En vez de darle pescado a quien lo necesita, enséñale a pescar”, es precisamente lo que no se está haciendo en estos días. Se está prometiendo “pescado” y ni siquiera se cumple con la palabra. Quienes tienen el poder de dar una solución al hundimiento progresivo de quienes ya se han cimentado en la pobreza, sólo retocan los problemas más superficiales sin atacar a la raíz del mismo. Sólo buscan hacer público el realce de una imagen que diga que efectivamente tenemos líderes comprometidos con la sociedad y que atentan por el bien común de forma activa. Pero la sensación que se lleva la gente ya es distinta. Es muy difícil que un discurso pueda convencernos de la prosperidad de un cambio que es necesario, y es por esto que se produce este estancamiento difícil de apartar. Ahora bien, podría excusarse la falta de compromiso para con las familias de escasos recursos con los beneficios otorgados por el gobierno, como servicios de salud (cuyo sistema deja demasiado que desear) y entregas de alimentos y enseres necesarios para el hogar. Si bien alivianan la carga de algunas familias trabajadoras que no tienen un poder significativo de adquisición, este beneficio no es equitativo ni tampoco obedece a patrones de regulación. Además, si agregamos a esto la mentalidad que adquieren muchas personas de aprovecharse de estas instancias, estaríamos pronunciando y beneficiando a la conformidad que mata al progreso.
De esta manera podríamos delatar la ineficacia con que se pretenden reparar las fallas en nuestra sociedad. No se construye ningún plan efectivo para poder levantar a este país y liberarlo de todos los factores que impiden un desarrollo positivo. Menos aún, si quienes intentan mejorar nuestra precariedad no cumplen con lo que dicen establecer, pero que si logran atender a otras demandas que podrían hacer relucir más su estética de líder integral.
