jueves, 22 de julio de 2010

Al otro lado


Cuando por primera vez me invitaron al otro lado del sol (y era la primera vez que alguien lo hacía), fue con un gesto tácito: música en los oídos que viajaba privadamente al cerebro y al corazón; una vista de cerca a tus parpados y los míos y una confrontación cálida de tu boca y la mía. El temor inevitable de una mentalidad ingenua que no pretendía llevar más allá lo que entraba tan íntimamente por mis tímpanos, pero que tanto aceleraba nervios simpáticos que me llevaban el miocardio a la boca para entregártelo en cada vaivén con la tuya. Me preguntaba ¿Cómo es ir allí? Es bajo el mismo sol, sí, aunque del otro lado.. eso quería decir que nos trasladábamos hacia un mundo paralelo al real pero que, en aquél paraje, todo se invertía y el universo real era el nuestro; donde cada uno deseaba estar alrededor del otro, mirando en tu mirar, mirando mi mirar.

Con tu voz y tus ojos de amor me convenciste finalmente que era allí donde pertenecíamos; yo dejé la ingenuidad y comencé a creer y a dar.

En nuestro universo paralelo-real todo sucedía, todo se extrañaba, todo se escondía y aparecía en un juego que parecía estar proyectado sólo para ambos... nos percibíamos de una forma única y yo podía reconocerte como nadie (y viceversa). La piel y el amor y el corazón y la piel y los labios y el amor se confundían con nosotros y nosotros confundíamos al tiempo y al espacio en nuestro paralelismo.
En cuestiones físicas-cuánticas no soy experta, pero nosotros en conjunto lo éramos de aquella dimensión paranormal-normal que nos cubría en su manto de noches largas y mañanas abruptas; del sol y del otro lado del sol. Recuperamos la ternura que un día perdimos y la encendimos en nuestros pechos. El llanto se convirtió en jardines que ... olvidamos un día regar.

El sol sigue su camino a pesar de todo y nosotros para continuar del otro lado, debemos caminar, correr y saltar. Mas en esta ocasión despertamos tarde y nos alcanzó en la carrera. Sin embargo, el día no tarda en volver y ahora, estando de noche, sólo basta esperar al alba y comenzar a correr nuevamente... esas flores no pueden esperar a ser regadas... yo no puedo esperar a convertir mis llantos.

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